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Cuando una simple sonrisa que vale más que mil palabras

El poder del cliente en el mercado

En el corazón del mercado, donde las ofertas se multiplican y la estantería compiten por nuestra atención, hay un poder silencioso que decide el éxito o el fracaso: "El cliente."

Justo ayer pasaba por uno de los traumas más complicados que he venido teniendo en los últimos años por algo tan sencillo para algunos, pero que para mí en particular es algo incómodo en una gran mayoría de casos: "Cortarme el cabello."

En mi localidad creo que unos de los emprendimientos que más abundan son los servicios de barbería. Al punto de ser notoria una saturación leve de mercado en cuanto las ofertas disponibles.

Voy a un sitio que por primera vez siento una pequeña estabilidad y he repetido varias veces, lo que es algo fuera de lo normal, dado a que he probado en muchos lugares. Pero nunca más vuelvo, por esos pequeños detalles que marcan la diferencia.

A dónde quiero llegar, es al punto donde usted cómo cliente debe dar a respetar el poder de su beneficio para los negocios que visita, usted merece ser respetado y atendido a tal punto de que cada negocio aprenda lo duro que es conquistarlo y más perderlo, por solamente creer erróneamente que "El cliente NO siempre tiene la razón."

Y si, el cliente no solo la tiene, si no que tiene algo más allá de la razón y es el poder de hacerle gastar mucho dinero al dueño de un negocio, para recuperar a un cliente perdido por algo tan sencillo como por ejemplo: "sonreírle al momento de su visita."

Solemos pensar en el cliente como un ente abstracto, una cifra en las estadísticas o una tarjeta deslizándose por el mostrador para ser procesada por el POS. Pero detrás de cada transacción hay una persona, un ser humano con emociones, necesidades y deseos.

El cliente no solo compra productos o servicios, compra una experiencia. Anhela ser escuchado, comprendido y, sobre todo, sentirse valorado. Y es aquí donde la amabilidad, esa sonrisa genuina y ese trato cordial, se convierten en la herramienta más poderosa que cualquier empresa puede tener.

Un pequeño gesto, una palabra amable, pueden marcar la diferencia entre una compra fugaz y una fidelidad duradera. El cliente que se siente bien tratado, que percibe que su opinión importa, que recibe un servicio con una sonrisa, se convierte en un embajador de la marca, en un defensor incansable de su experiencia.

Mi paso por la construcción de una marca para un gran amigo (si, mis clientes se convierten en amigos) en México me cargó como toda aventura de posicionamiento corporativo de muchas emociones.

Redacción de artículos para la revista, entrevista con los protagonistas, conocer nuevas personalidades de Baja California y Colorado; en fin, las cosas que amamos y por las que invertimos tiempo y parte de nuestro capital para que los resultados hablen por si solos en el tiempo planificado.

Hacer de prospectos clientes y llegar a intimidar digitalmente con cosas que ni sus mejores amigos de toda la vida saben, solo por llegar a un producto final 10/10 es algo que no tiene precio y que la profesión de un mercadólogo agradece eternamente en cada entrega para que sus estrategias den resultados positivos y excepcionales.

Es cierto que el mercado actual es competitivo, que las opciones abundan y que el precio siempre juega un papel importante. Pero en un mundo donde la oferta se homogeniza, la amabilidad se convierte en el factor diferenciador.

Esa sonrisa que borra la frialdad de la transacción, ese trato humano que conecta con el cliente, es lo que realmente marca la diferencia en el servicio que prestamos.

"No se trata de regalar productos o de ofrecer descuentos desmedidos." Se trata de invertir en la experiencia del cliente, de crear un ambiente cálido y acogedor, de entrenar a los empleados para que comprendan que el cliente no solo tiene la razón, sino que es el rey del mercado.

Una simple campaña de amabilidad, de esas que no cuestan casi (o nada de) dinero pero sí generan un impacto invaluable, puede ser la clave para el éxito de cualquier empresa. Una sonrisa sincera, un saludo cordial, una palabra de agradecimiento, son pequeños detalles que pueden marcar la diferencia entre la indiferencia y la fidelidad.

¿Acaso nunca nos ha tocado ser clientes de otros emprendimientos? ¿Por qué hacerle a los demás lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros?

Estimado lector, indistintamente si usted es empleado o empleador, tenga siempre en cuenta que "El cliente no es un simple número, es un ser humano con el poder de elegir." Y en sus manos, en su sonrisa, en su decisión de volver o no, está el futuro de cualquier empresa.

Es por ello que la invitación es a qué hagamos del mercado un lugar más cálido, más humano, más lleno de sonrisas. Porque al final, la amabilidad es la mejor inversión que cualquier empresa puede hacer. Si quieres llevar tus experiencias de ventas más allá de lo que puedas imaginar solo debes escribir a este Whatsapp.

Si llegaste a este párrafo final es que tienes algo que contarnos, por ello deseamos leer tu comentario al final sobre lo que opinas sobre que si "¿El cliente tiene la razón, o no la tiene?"

Hasta una próxima entrega..!

Trino Caldera

CEO cefapca.com

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